Soy WENCESLAO MALDONADO y nací en Buenos Aires en 1940. De niño recorría los libros de la biblioteca paterna con curiosidad, como si se tratara de un misterio.
Mi maestra de primer grado en Martínez, la maravillosa Titita, Matilde Parodi de Muras, me introdujo en el mundo de la fantasía y la creación literaria y me acompañó siempre hasta su fallecimiento en el año 2000.
Tuve grandes maestros en la Institución Salesiana de Don Bosco: en San Isidro, Luis García Padrón y Agustín Rangugni, exigentes y constantes; en Bernal, Antonio Carpano, Argemiro Moure y Carlos Domínguez, mis profesores de lenguas clásicas, sin olvidarme de Juan Morano, genial director de teatro.
Ya en Roma me ayudaron a leer críticamente las fuentes de la literatura patrística Ulrico Prerovski y José Ramos Regidor (con quien trabajé en la antropología del Adversus haereses de Ireneo de Lyon). Y de vuelta en Buenos Aires, no puedo de dejar de pensar agradecido en Ilse de Brugger, profesora de literatura alemana, Erwin Félix Rúbens (quien me orientara en mi investigación sobre Cancionero y romancero de ausencias de Miguel Hernández) y Arturo Berenguer Carisomo (con quien di mis primeros pasos de análisis de los sainetes de Carlos Mauricio Pacheco). Todavía un recuerdo y un gracias para mi compañero y amigo Piergiorgio Foglio Bonda que me allanó, cuando vivía en Sicilia, el camino para acercarme a la Universidad de Trieste.
Con tan prestigiosos guías, ¡cómo no amar los libros!


Soy FERNANDO ITURRIETA. Nací en 1950, en un suburbio de Buenos Aires, Villa Adelina, con muy poca tradición escrita; doble condición de barrio metropolitano y prehistórico. Estudié enmarcado por una educación pública aún altiva, crecí en los años de la feroz oscilación del prohibir y el desafiar. Me incitaron los libros y la lectura, los objetos y sus almas; también jugaba a armar escenas de películas. Intentaba articular mis primeras obras, al tiempo que quedé fascinado por la televisión, imagen ajena y atrapable, concentradora de magia. Envuelto en la multiplicidad sonora y visual de lo folclórico, la música de cámara y el rock, tuve en los sesenta la seducción de las utopías cercanas a la gente común especialmente desde el juego y la libertad empeñado en la ilusión instrumental de la no violencia; el estallido posterior, la dispersión, el terror y la perplejidad de la fractura, envolvió con otras historias la mía
He escrito poemas, letras de canciones, cuentos, novelas, ensayos, obras de teatro, y de televisión y preparo su aparición, acaso aún tímida, un poco menos privada, más confiada a los otros.