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POR
QUÉ “SIMPOSIO”
Para los
griegos de Atenas, una costumbre muy de hombres era quedarse, después
de una cena o un banquete, largas horas tomando vino y charlando de sus
cosas. Hoy lo hacemos con un café. “Acuérdense de
la mesa de los galanes”, nos llamaría la atención
el negro Fontanarrosa.
Eso de beber juntos se llamaba simposio, y era una muestra de lo que la
cultura helénica logró armonizar a lo largo de siglos: placer
y pensamiento.
Testigo de esa tradición es Platón que nos describe un simposio
en casa del dramaturgo Agatón, que había ganado el concurso
de tragedias en las Fiestas Leneas en honor de Baco en el año 416
a.C.
Los que se quedan después de la comida a tomar vino y charlar son
siete personajes, entre ellos Sócrates. ¿Y de qué
pueden hablar todos esos hombres juntos? De la política, del deporte
o del amor, tal vez. En el caso de este simposio famoso, los participantes
se propusieron hablar precisamente del amor, encarnado simbólicamente
en Eros, y cada uno fue dando su parecer desde el propio punto de vista.
Éste es precisamente uno de los diálogos más leídos
de Platón, escrito alrededor de 380 a.C. y antes de la República.
Lo quiso llamar precisamente Simposio, y no “banquete” como
suele traducirse, porque une el placer de tomar vino juntos al amigable
debate sobre Eros.
¿Por qué será que la sociedad, con el andar de los
siglos, fracturó esta unión, se olvidó del buen vino
y los placeres y se quedó sólo con la discusión?
La Editorial SIMPOSIO quiere proponernos con sus publicaciones el encuentro,
otra vez, del placer y del pensamiento, del vino y Eros. Ojalá
cada uno de sus libros pudiera llegar a ser una mirada original y renovada
de ese amor que crea vínculos, del erotismo que moviliza deseos.
Es un desafío. Sobre todo si no dejamos de lado un vaso de buen
vino.
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