TAPA: Hefesto muestra su escudo, el ‘proctoaspidisquión’.
CLAUDIO PEREYRA nació en Argentina en 1967. Estudió en la escuela Pridiliano Pueyrredón, recibiéndose de profesor de pintura en el actual Instituto Universitario Nacional de Artes (IUNA). Con una parte notable de sus trabajos plásticos trata de lograr una concientización social sobre la prevención del vih/sida. Tal es el caso de Tres Proyectos Para Evitar Un Genocidio que le valió una distinción del INADI.
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CANTO I
El poema comienza con una invocación a las Musas, como era costumbre desde la Ilíada y la Odisea. Cada vez que silba el viento, abandonados en el Pritaneion de Delfos, conversan entre sí los “proctoaspidisquiones” o escudos en forma de culo. Culo Prohibido dice haber sido hecho por el mismo Hefesto y haber estado en manos de Orfeo, por lo que conoce los cantos de éste sobre la contienda de los culos de los tres dioses, Ares, Apolo y Dioniso, supervisados por Heracles. A Culo Prohibido lo escuchan otros cinco escudos: Culo Difícil, Culo Lánguido, Culo Cerrado, Culo Caído y Culo Pelado, todos en miserable estado de abandono, que alternan y preguntan al relator. Culo Prohibido les canta la canción de Orfeo que se cantaba en las Procteas y les cuenta cómo se desarrollaban esas fiestas en honor de Heracles Megaloproctos o “de gran culo”, y cuál fue la historia de este culto particular del héroe. Culo Prohibido será entonces el relator de esta historia.

“Sí, amigos de desgracia, es ésta precisamente la canción que Orfeo
/compuso
cuando por vez primera, en las Termópilas, resonó la alegría
/de las fiestas en honor de Heracles Megaloproctos.
Con mi propia voz, cascada por el tiempo y la inactividad, la he de
/cantar
para que Culo Difícil se convenza no sólo de mi glorioso pasado, sino de
/la nobleza sin par de los proctoaspidisquiones”.
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CANTO II
La nereida Galena se apura para llegar hasta Hermes y contarle que Afrodita ha emprendido el viaje ya que quiere reclamarle por las burlas de él y de su hermano Apolo, cuando la diosa cayó con Ares en la trampa que le tendiera su marido Hefesto. Llega Afrodita, en efecto, y Galena debe esconderse. Pero lejos de existir recriminación por parte de Cipris, Hermes y la diosa del amor terminan en el lecho, concibiendo a Hermafrodito. Galena decide vengarse. Pero no es todo. Hermes propone la realización de un concurso de culos divinos, así como lo hubo de diosas, para que ella pueda tener en sus brazos a Apolo. Serían convocados también Ares, su amante, y Dioniso que no tendría excesivo interés en la diosa. Como juez se propone a Hefesto, ya que siendo marido de Afrodita, no sospecharía de las intenciones de la diosa.

“Hoy serás mía, y engendraremos a la más admirable criatura que haya
/nacido de dioses,
y llevará tu nombre y el mío, porque la pasión de Hermes y Afrodita lo
/habrá traído a la vida”.
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CANTO III
Hefesto rechaza la invitación, debido a que por su odio a Ares, no podría ser un juez ecuánime; propone que se invite a Hércules, glorioso héroe, que lo haría mejor que el mismo Paris en otros tiempos. Se compromete a colaborar, elevando un monumento de bronce al vencedor. Galena corre a avisar, antes que a nadie, a Dioniso que está en la India, quien recibe la noticia de buen grado.
“Hace poco estuvo por aquí Iris ofreciéndome de tu parte ser juez
en la disparatada contienda de belleza que ahora se te ha ocurrido
/promover.
Te digo que si Ares participa de tal evento, no cuentes con mi
/intervención en absoluto,
ya que no podría ser juez imparcial ante un dios que odio con tanto
/encono.
Pero para que no creas que es más el desprecio de ese adúltero que tu
/extraña iniciativa,
colaboraré con el concurso, elevándole al vencedor el monumento de
/bronce más extraordinario que se conozca.
Y esa es la promesa que hace Hefesto, forjador de metales, y no me
/desdeciré de mi palabra”.
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CANTO IV
La nereida va luego a Delos para contarle también a Apolo. Ante la llegada de Hermes, Galena, llena de rencor, se oculta en las rocas cercanas y debe escuchar las burlas y maltratos de que es objeto. Hermes trata de convencer a Apolo que Afrodita está interesada en él. Hermes se llega también hasta el campamento de Dioniso, que ya había sido avisado por la nereida, y prueba la fuerza de la seducción dionisíaca.

Detrás del enorme falo erigido a monumento, alguien debía estar
/cantando con voz triste
la tierna canción de amor que hacía salir por sobre las ondas
/verdiazules
a los delfines festivos y otras extrañas criaturas marinas.
Galena se encaminó hacia el lugar con sus delicados pies de espuma,
y vio entonces al bellísimo Apolo, de una claridad solar extraordinaria,
/concentrado en su delicada canción,
los ojos cerrados, el cabello negro suelto sobre el rostro, la mano firme
/en las cuerdas sonoras.
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CANTO V
Galena visita a Ares para contarle la preparación del concurso y lo pone en sobreaviso acerca de las relaciones amorosas de Afrodita con Hermes. Cuando la diosa del amor se encuentra con su amante Ares, advierte que está en pie de guerra y consigue aplacarlo con sus artes amorosas.

“¡Esto será una guerra!”, gritó Ares pateando el suelo con furia,
lo que pareció a Deimos y a Fobos una orden para recomenzar con el
/atronador retumbo de tambores.
Muerte, muerte, muerte,
grito de la guerra.
Guerra, guerra, guerra,
rabia de la muerte.
“Si lanzas una guerra contra Apolo y Dioniso”, gritó la diosa para
/hacerse oír,
“es porque no estás seguro de que tus nalgas sean las más bellas entre
/todos los dioses”.
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CANTO VI
Es Iris la que va a Etolia para proponerle a Heracles que sea juez del certamen de culos divinos. Más tarde aparece Galena para contarle al héroe lo que se está tramando. Heracles la somete lascivamente, pero la relación se interrumpe ante la aparición del peligroso centauro Neso.

Iris llegó a la Etolia con su despliegue de siete colores que tendió sobre
/el río Eveno.
Desde una colina Heracles parecía abstraído observando en la
/distancia.
Iris pensó que el lugar era peligroso, tanto por la trágica historia del rey
/Eveno que dio nombre al río,
como por la presencia del centauro Neso, hijo de Ixión, que había sido
/arrojado a estas zonas por el mismo Heracles
después de la lucha con los centauros por el jarro de vino que le
/ofreciera Folo,
y constituía un peligro permanente para el invencible Alcides.
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CANTO VII
Finalmente los tres contendientes se encuentran a orillas del río Acis en Sicilia. Participa también Hefesto, que promete sólo levantar un monumento al ganador. Hermes y Heracles llegan después; este último acaba de matar al centauro Neso que quiso violar a su mujer Deyanira. Al fin se presenta Éride, la Discordia, y como lo había hecho en el concurso de las diosas, ofrece un premio, esta vez una pera de oro. Enseguida los tres dioses se pelean por la custodia del regalo, pero Hermes decide entregarlo a Heracles como juez. Hermes convoca a los concursantes para la primavera en el valle del río Eveno, y los tres se retiran desafiantes.

Ares, Apolo y Dioniso se miraron desafiantes y, sin saludarse, partieron,
uno para la Tracia, rica en caballos; el otro para Delfos, en donde se
/se sienta su pitonisa;
y el tercero a la bella Tebas, reina de Beocia. Hermes, preocupado, los
/observó alejarse.
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CANTO VIII
Con una nueva invocación a las Musas se retoma el relato. En escena está Hefesto que, ante las presiones de Ares, amante de su mujer, promete forjarle un “proctoaspidisquión”, es decir un escudo en forma de culo. Al enterarse Apolo y Dioniso, exigen ellos también al herrero divino el propio “proctoaspidisquión” .

Apolo miró a su hermana Artemisa. “Es lo que me barruntaba”, dijo,
“¿ves que vamos a una guerra más que a un concurso de belleza?
Será la guerra de los culos. Y bien, hermana, la daremos”.
Hermes siguió todavía explicando con la agitación que traía:
“Algo de guerra habrá, si no me equivoco, porque el primero que quiso
/sus armas fue Ares,
amenazando a Hefesto con mantenerla sometida a Afrodita.
Te podrás imaginar con qué odio aceptó el viejo cojo forjarle las armas.
Pero aclaró que haría sólo un escudo y en forma de culo, acorde al
/certamen,
y quiso llamarlo proctoaspidisquión. El de Ares se llamará Culo
/Guerrero...”
“¡Y el mío Culo Brillante!”, gritó el dios de los cabellos de electro,
/interrumpiendo al heraldo de Zeus.
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CANTO IX
Es la época de la primavera. Galena busca a Heracles en los montes cercanos al río Eveno; el héroe la vuelve a requerir en amores, pero son descubiertos al fin por la desesperada Deyanira. Mientras tanto van llegando al valle del río las diosas invitadas, a la cabeza Hera con su gran cortejo. Cada diosa tiene su favorito.

Gritaba, gritaba la pobre nereida. “¡Eso es lo que me gusta! ¡Grita, grita,
/nereida!”
Y, en efecto, un grito desgarrador fue lo que hizo estremecer el monte.
Hubo golpes de alas que huían de los árboles. Heracles quedó
/petrificado sobre el cuerpo extenuado de la hija del mar.
“¡Canalla!” Galena escuchó que una voz ronca, que le pareció conocida,
increpaba al héroe de tantos forzados trabajos que le estaba quitando la
/respiración con su peso.
Trató de alzar la cabeza y reconoció a la misma bella mujer de mirada
/desafiante
que viera en la cabaña. “¡Deyanira!”, gimió Alcides desmontando su
/acuática cabalgadura
y dejando al descubierto la pálida desnudez de la desafortunada
/nereida.
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CANTO X
De pronto cunde el temor cuando advierten que Ares y Apolo avanzan con sus tropas con ánimo más de hacer la guerra que de concursar. De hecho se traban en batalla y Ares lleva las de perder ante las flechas certeras de Apolo y su hermana Artemisa.
Del meridión Hermes no trajo mejores noticias, pero al rato los
/presentes pudieron ver con sus propios ojos
lo que estaba sucediendo, pues el que avanzaba era Apolo vestido de
/una túnica blanca de enceguecedores reflejos,
con una corona de laureles que le ajustaba los negros bucles de
/tornasol azul
y en un carro ligero tirado por dos corzas veloces que conducía
con magistral destreza su hermana Artemisa, aljaba al hombro y arco y
/flecha en la mano izquierda.
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CANTO XI
Finalmente interviene Dioniso, pero su manera de hacer la guerra es muy otra, ya que provoca un enloquecimiento general entre los contrincantes y los espectadores. Sólo la intervención de Zeus y el anuncio de la muerte de Heracles pone fin a la guerra de los culos.

Coribantes y Bacantes seguían con sus cánticos al ritmo frenético del
/tirso de Dioniso:
¡Baco es el único dios
que nos dice la verdad!
En un momento el hijo de Semele y Zeus levantó los brazos y se hizo un
/silencio repentino,
como si todos, sorprendidos, volvieran de su locura. “¡Apolo! ¡Ares!”,
llamó Dioniso, ahuecando la voz con una mano para que escucharan
/sus rivales.
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CANTO XII
Iris y Hermes cuentan cómo fue la muerte del héroe a manos de la desgraciada Deyanira, quien le hizo vestir una túnica con la sangre del centauro Neso, creyendo que recuperaría su amor, y cómo Zeus lo glorificó elevándolo al Olimpo. Hermes, a nombre de Afrodita, propone que se lo proclame vencedor del certamen. En una gran procesión funeraria, llega Deyanira trayendo la pera de oro, que Afrodita reserva para el monumento que se le erigirá como triunfador, invocado ahora como “megaloproctos” o de gran culo. Todos los años se celebrarán entonces las Grandes Procteas, fiestas en honor de Heracles Megaloproctos.
“Heracles, después de una muerte trágica, fue arrebatado a los cielos en
/el monte Eta, cerca de Traquis,
en donde su infeliz mujer Deyanira hizo levantar la pira funeraria.
Sucedió entonces un prodigio nunca visto por ojos humanos y divinos.
Su preciosa sangre, llena de vigor y fortaleza, comenzó a chorrear
/hirviendo
como si un manantial de fuego hubiera brotado del monte,
y corrió y bajó hasta el estrecho desfiladero entre la Tesalia y la Lócride
que ahora los vecinos han comenzado a llamar Termópilas
puesto que humean, extraordinaria visión, todas las fuentes de agua
con la sangre viva del héroe invencible, nieto de Alcides, hijo de
/Alcmena”. |
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